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Johanna Calderón y su lucha contra el odio en redes: “Antes leía y lloraba”
La periodista Johanna Calderón: de la tristeza a la fortaleza, así superó las críticas en redes
A Johanna Calderón, el fútbol, que es su pasión, no solo le ha dado alegrías y recuerdos inolvidables, también malos ratos que incluso han afectado su salud.
La reportera, cuyo sueño en su niñez era ser futbolista profesional, actualmente es la encargada de informar desde el borde del campo de los estadios donde se juegan los partidos del torneo nacional, para la empresa dueña de los derechos televisivos. Además, sus informes deportivos tienen presencia en radioemisoras y plataformas digitales.
En entrevista con EXTRA, Johanna no solo habla de su amor por el balompié, sino de cómo se repuso a los ataques que ha recibido de usuarios de redes sociales.

¿Por qué periodista?
No quería ser periodista, quería ser futbolista. Cuando jugaba en los barriales en canchas de tierra, el fútbol femenino no era profesional ni remunerado. En ese tiempo no existía un campeonato nacional femenino. Ahora ya estoy vieja (risas), pero en esa época no había muchas oportunidades.
¿De qué jugabas?
De defensa, cuando todas querían hacer goles. Mi papá me mandó a defender porque era pequeña y rápida. Me ponía por la banda y me gustaba barrerme. No sé por qué, pero amaba barrerme. Apenas veía que llegaba la jugada al área, me lanzaba para sacar la pelota.
¿Le quedaron las piernas raspadas por jugar en canchas de tierra?
Sí, las rodillas hechas pedazos. Mi abuelita siempre se quejaba, decía que tenía las piernas feas, porque antes el estereotipo era que la mujer debía quedarse en casa. No le gustaba que jugara fútbol, lo veía como algo de ‘machonada’.

¿Hasta qué edad jugaste?
Hasta los 25. Luego, por la profesión y los compromisos de fin de semana, se me hizo difícil seguir.
¿Jugabas de manera amateur?
Sí, jugué en campeonatos de fútbol 7, fútbol 9, fútbol 11 y barriales. Siempre amateur.
¿Dejaste el fútbol?
No lo dejé porque quise, sino por mi papá. Cuando estudiaba en la universidad, Amílcar Mantilla (dirigente de la Federación Ecuatoriana de Fútbol) armó un equipo para Deportivo Quito. Entrenábamos a las seis de la tarde, pero yo estudiaba en la mañana y en la tarde hacía radio. Mi papá me dijo: “El que mucho abarca, poco aprieta”. Decidí quedarme en la radio porque él me insistía en que no iba a vivir del fútbol.

¿Cómo empezaste en la radio?
En 2013, en Match Deportes. Al principio me ponían a leer mensajes. Me gustaba escuchar programas de fútbol porque mi papá es muy futbolero. En nuestros cumpleaños, él siempre conseguía que nos mandaran saludos en la radio. Eso me encantaba.
¿Imaginaste que llegarías hasta aquí?
Sinceramente, no. Antes tenías que pasar varias etapas. Hoy a los chicos les dan un micrófono rápido, pero yo tuve que aprender observando y leyendo mensajes antes de poder hablar.
¿Y la televisión?
Me llamaron de DirecTV. Querían probarme en transmisiones porque me habían escuchado. Yo nunca había hecho una transmisión, tenía miedo. Le dije a mi papá que no tenía experiencia y él me respondió: “El tren pasa una sola vez”. Así que acepté. Recuerdo que llegué y estaban Fabián Gallardo y Andrés Larriva. Me impactó verlos en persona porque los veía en televisión.
¿De qué equipo eras hincha de niña?
Es una pregunta ‘morbo’ para los hinchas. Todos los periodistas han sido hinchas de un equipo y mienten cuando dicen que no. De pequeña, mi familia y yo seguíamos a Liga. Un partido contra Sao Paulo quedó grabado en mi memoria.
¿Qué te falta por cumplir?
Quiero comentar en un Mundial para una cadena internacional y ser analista de un equipo de fútbol.
Su vida dedicada al fútbol
Pero no todo ha sido bueno, has recibido ataques en redes.
Vivimos en un mundo muy machista, todavía lo es. Y la gente te trata de manera despectiva. Tal vez la palabra sea fuerte, pero me han llamado ‘puta’, han dicho que me acuesto con los jugadores, que soy una ‘botinera’, que me han ‘palanqueado’. Al principio no sabía cómo manejarlo. Muchas veces me afectó, pero con ayuda profesional aprendí a sobrellevarlo.
¿Llegó a afectarte tanto como para acudir a un psicólogo?
Sí, porque no solo me afectaba a mí, sino también a mi familia. Cuando mis seres queridos me escribían para mostrarme lo que decían de mí, me dolía mucho. También recibía comentarios como “es bruta” y cosas así.
Todo eso terminaba ‘bajoneándome’. Pero con el tiempo, y gracias a la ayuda profesional, aprendí a manejarlo. Ahora incluso me río de esos comentarios, algo que antes era impensable. Antes leía las redes y me ponía a llorar.
¿Cómo lograste superar esas críticas?
Fue un proceso. Aprendí a no enojarme, a reírme de ciertos comentarios. El psicólogo me ayudó a entender que esas palabras no tienen por qué afectarme. Antes me dolían mucho, pero ahora ya no. Ha sido un proceso fuerte, pero necesario. Antes no hablaba de esto.
¿Cuál ha sido el momento más incómodo?
Una vez, en un partido para ESPN me equivoqué en un comentario y dije: “Los jugadores piensan con el cerebro”. En redes me destrozaron. Me llamaron tonta, decían que no deberían poner mujeres en las transmisiones. Ese día estaba en la transmisión con Fabián Gallardo y me dijo: “Joa, el que no se equivoca es porque no hace nada. Tienes que seguir. Repítelo muchas veces y ríete de tus errores”.
Antes ni siquiera hablaba de esto. De hecho, llegué a cerrar mis redes sociales.
¿Sientes que esta confesión puede ayudar a otros?
Sí. Creo que puede servirle a mucha gente. A veces, por un comentario o un error, las personas se trauman, se bloquean y sienten que ya no quieren seguir. Pero se puede aprender a manejarlo y seguir adelante.