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José Andramuño, el héroe detrás del rescate de los atrapados del teleférico de Quito
Rescató con vida a varios de los atrapados en El Teleférico. Ayudó también en el terremoto de Manabí y el deslave de Alausí
Cuando José Andramuño pasó por la Comandancia del Cuerpo de Bomberos de Quito dijo: “Algún día estaré aquí”. Y así fue.
Eso ocurrió cuando él tenía 18 años. Ahora, con 31, fue uno de los protagonistas del rescate en el Teleférico. Su trabajo trascendió a las redes sociales, pues se lo puede ver colgado del cable como si de Spiderman se tratara.
EXTRA fue en su búsqueda y lo encontró en la estación de Cumbayá, nororiente de Quito, donde contó su experiencia. “Tuvimos que subir a las torres y de ahí llegar a las góndolas por el cable. La distancia que recorrí fue de unos 120 metros”, relata.
Las góndolas están a unos 50 metros de altura del suelo. La llegada del Teleférico está por sobre los 3.100 metros sobre el nivel del mar. Es el primer tramo que los andinistas recorren para llegar a la cumbre del Ruco Pichincha. “En este trabajo es imposible tener miedo a las alturas”, bromea.
Esa noche, los rescatistas cargaban grandes maletas, además de su indumentaria con arneses, poleas y cuerdas. José calcula que esa maleta pesa unos 50 kilos.
LA EXPERIENCIA
José hizo un año de conscripción junto a su hermano Edwin, en cuanto salieron del colegio. Pero decidieron que ser bomberos era lo suyo.
Dentro de la institución sus caminos se separaron, pues Edwin se quedó en la unidad contra incendios y José se especializó en rescate. Incluso tiene la certificación USAR (Urban Search and Rescue), válida a nivel internacional.
En sus 10 años en las filas bomberiles se graduó como ingeniero automotriz y estuvo en la primera promoción de la carrera de Control de Incendios y Operaciones de Rescate. “Me he enfocado en eso, por eso no me he casado. Quizá en unos años lo decida”.
En la Unidad de Rescate se hacen turnos de 24 horas, por lo que los bomberos se preparan su propia comida, como una forma de fomentar una sana convivencia entre compañeros. “A mí me sale bien el arroz”, cuenta risueño.
José estuvo en las labores de rescate del terremoto de 2016 en Pedernales y hace unos meses en la tragedia de Alausí. “Tenemos mucha presión y deseo de salvar a la mayor cantidad posible de personas, aunque no siempre se puede, pero cuando sí lo logramos es lo más gratificante”.
En su familia están orgullosos de los hermanos que se dedican a salvar vidas, aunque sea algo difícil y peligroso. Su madre nunca lo deja salir sin la bendición y una oración, para que no le pase “nada malo”.
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