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Crónica
¡Conoce a un inversionista de amor!
Samuel Alarcón invierte su tiempo, dinero y afecto en la obra que lleva adelante en la ciudadela El Recreo, que inició en un taxi, conversando con un exguerrillero de las FARC
Una carrera de taxi lo dirigiría a su real destino: predicarle a niños y a adolescentes en la ciudadela El Recreo, Durán. Actividad que Samuel Alarcón Vera realiza desde el 2012.
El hombre de 54 años tomó un taxi y venía evangelizando a su conductor, Marcos, un ecuatoriano que le confesó que fue parte de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y que se dedicaba al sicariato. De no ser por un trabajo que le salió en Quito, el exguerrillero hubiera muerto en el bombardeo de Angostura (2008).
Desde entonces permanecen en contacto y en una llamada Marcos le dice que un amigo quiere conocerlo. Se refería a Henry, uno de los líderes de los Latin Kings de El Recreo.
“Él estaba preocupado porque sus amigos morían en las revanchas con los Ñetas. Conversé con él y me propuso hablar con sus chicos. Para el sábado ya me tenía 50 personas, entre adolescentes, jóvenes y adultos”, relata Samuel.
Dos años estuvo con ellos en la iglesia de la calle, pues en las veredas se sentaban a escuchar la Palabra del Señor.
Cambio de dirección
Un día, uno de los Latin Kings, en estado de ebriedad, cometió una falta para ellos: les robó a sus compañeros y lo buscaban para darle ‘vire’.
La madre y la madrina del muchacho buscaron a Samuel. “Quiero hablar con usted, sus Latin Kings quieren matar a mi hijo como a un perro”, me dijo su mamá. La tranquilicé y le prometí que dialogaría con ellos. Gracias a Dios lo perdonaron. Luego ella me cuenta la realidad de su sector, la cooperativa 28 de Agosto: drogas, violaciones y asesinatos”, expresa Samuel, quien revela que muchos de los niños de esa zona son huérfanos. Sus padres han muerto, están presos o los han abandonado.
Por eso decidió quedarse en ese lugar e instruir al niño y apartarlo de los malos caminos.
Hacerlo le implica más recursos financieros, los cuales no abundan, pero no se queja, pues asegura que Dios le provee. “Mi familia me ayuda a servir, al igual que amigos cercanos”, manifiesta el vendedor y reparador de celulares.
Lo bueno, lo malo y lo mejor
En estos ocho años se ha enterado de hechos muy dolorosos, como las violaciones y asesinatos de cuatro infantes (niños y niñas). “Una vez, una joven ‘hachera’ vendió a su hermano de 8 años para comprar su droga, días después el pequeño aparece muerto”, narra con tristeza.
Sin embargo, hay buenos frutos que lo animan a seguir adelante: Uno de sus adolescentes se formó como policía; otro es ciclista de la Federación del Guayas; dentro de sus chicos hay abanderados y escoltas de escuela y colegio. Con orgullo dice que ha asistido a algunas de sus graduaciones.
Pero su mejor regalo en esta obra es haber conocido a un niño, quien fue rescatado de la desnutrición, afecciones respiratorias y explotación laboral, quien es parte de su familia.
Detalles
- Los sábados, de 16:00 a 18:00, los niños recibían su culto antes de la pandemia. En este mes piensa retomar la obra, respetando las medidas de bioseguridad y aforo establecido por el COE.
- La mayoría de las madres del sector trabaja en el servicio doméstico en Samborondón, La Puntilla y Guayaquil, y en plena pandemia se quedaron sin empleo, por eso Samuel las ayudó con kits de comida y medicinas.